En las encrucijadas históricas, el destino de las naciones no se determina únicamente por las decisiones de sus líderes, sino también por la presencia y la firmeza del pueblo. Cuando la preservación de la seguridad, la independencia y la dignidad de una nación está ligada a la participación colectiva, la presencia del pueblo se convierte, por sí misma, en una yihad social. Lo que adquiere valor en este ámbito no es simplemente el resultado, sino el cumplimiento del deber y la fidelidad al pacto que una nación ha sellado con sus ideales y su identidad.
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